Seguidores
Mostrando entradas con la etiqueta leí. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta leí. Mostrar todas las entradas
29 de julio de 2011
2 de junio de 2011
9 de enero de 2011
Hay muchos que piensan que nuestro destino ya está escrito, que ninguna de nuestras acciones es fruto del azar, que nada de lo que hagamos puede modificar nada. Me cuesta creerlo.
Me cuesta creer que toda esta confusión es sólo producto del destino.
Me gustaría que mi todo volviera a estar en orden, tranquilo como hoy está el río.
Me cuesta creer que toda esta confusión es sólo producto del destino.
Me gustaría que mi todo volviera a estar en orden, tranquilo como hoy está el río.
7 de enero de 2011
-Uno nunca termina de conocer del todo a las personas -me dijo-, ni aún a las más cercanas, padre, madre, hermanos, hermanas, marido, mujer. Siempre hay una zona de cada uno que permanece a oscuras, alejada por completo de los demás. Una zona de pensamientos, de sentimientos, de actividades, de cualquier cosa. Pero siempre hay un lugar de nosotros en el que no dejamos que entre nadie más. Yo creo que eso es lo que hace a las relaciones con los demás tan interesantes, esa certeza que, aunque nos lo propongamos, nunca las vamos a conocer del todo.
14 de octubre de 2010
Lejos de tranquilizarme, el amor físico me perturbó más, trajo nuevas y torturantes dudas, dolorosas escenas de incomprensión, crueles experimentos con María. Las horas que pasamos en el taller son horas que nunca olvidaré. Mis sentimientos, durante todo ese período, oscilaron entre el amor más puro y el odio más desenfrenado, ante las contradicciones y las inexplicables actitudes de María; de pronto me acometía la duda de que todo era fingido.
Fue una espera interminable. No sé cuánto tiempo pasó en los relojes, de ese tiempo anónimo y universal de los relojes, que es ajeno a nuestros sentimientos, a nuestros destinos, a la formación o al derrumbe de un amor, a la espera de la muerte. Pero de mi propio tiempo fue una cantidad inmensa y complicada, lleno de cosas y vueltas atrás, un río oscuro y tumultuoso a veces, y a veces extrañamente calmo y casi mar inmóvil y perpetuo.14 de septiembre de 2010
¿Y cómo podía no sentirme enajenada hasta el olvido del presente, hasta el olvido de la realidad, cuando ante mí, en cada libro que leía, se concretaban las leyes de un mismo destino, el mismo espíritu de aventura que reina en la vida del hombre que proviene de la ley fundamental de la vida humana y constituye la condición de su salvación y su felicidad? Esta ley era la que yo presentía, la que procuraba adivinar con todas mis energías, con todos mis instintos y casi por un sentimiento de salvaguardia. Parecía prevenirme, como si existiera en mí alma algo profético, y cada día la esperanza crecía más, mientras al mismo tiempo aumentaba cada vez más mi esperanza de entrar en aquel porvenir, en aquella vida.Sin embargo, como ya he dicho, mi fantasma aventajaba a mi impaciencia, y a decir verdad, sólo era muy audaz en sueños; ante la realidad, permanecía instintivamente tímida con respecto del porvenir.
31 de agosto de 2010
27 de agosto de 2010
Como un rayo, lo hirió bruscamente. De pronto, se realizaba lo que él había estado esperando toda su vida con un estremecimiento de terror. Parecía que a lo largo de su existencia había permanecido suspendida un hacha sobre su cabeza, aguardaba hasta aquel instante, entre sufrimientos increíbles, dispuesto a que el hacha lo golpeara. Y por fin, lo había golpeado. El golpe fue mortal. Quería huir, pero no sabía hacia donde dirigirse. La última esperanza se había desvanecido; se destruyó el último pretexto: el de que la vida había sido para él una carga durante muchos años, el de que la muerte, puesto que él lo creía en su ceguera, debía conducirlo a su resurrección. Ella había muerto. Al cabo estaba solo, nada lo estorbaba ya. ¡Finalmente era libre!... Por última vez, en un acceso de desesperación, había querido juzgarse a sí mismo, condenarse despiadadamente, como un juez equitativo; pero su arco había sido débil y sólo débilmente había podido repetir la última frase musical del genio. En aquel momento la locura que lo acechaba desde hacía diez años lo había atacado irremediablemente...
24 de agosto de 2010
25 de julio de 2010
Sonriendo y callando. Aguantando en una palabra. Y ahí está el peligro. En que aguantan, en que están obligados a aguantar. Porque aguatar, usted sabe, es una energía para adentro, una fuerza que tenía que ser centrífuga y usted la tuerce, la da vuelta y la hace centrípeta. Y entonces, claro, el homúnculo hace eso, aguanta, aguanta, aguanta, la prepotencia, el fracaso, la soledad, la postergación, todo lo aguanta. Pero cada cosa que aguanta es una piedra que se echa dentro del espíritu y hace peso. Hasta que un día la capacidad está colmada, y entonces basta un grano de arena, una nimiedad que le exija un nuevo aguante, a lo mejor, a lo mejor usted que lo miró fijo o le negó el saludo, y todo lo que el hombrecito lleva adentro le sale al exterior con la fuerza de un volcán en erupción, lo desfonda, lo da vuelta del derecho al revéz, como a una media, y ocurre una catástrofe: el hombrecito mata, incendia, hace una revolución. La gente se queda atónita: cómo, ¿ese infeliz que no levanta medio palmo del suelo, que nunca dijo esta boca es mía, y ahora? Precisamente, chauchas, ahora. Ahora ha hecho lo que ha hecho porque no levanta medio palmo del suelo y porque nunca pudo decir esta boca es mía. Si por un lado la superficie está demasiado lisa, es porque del otro lado están las costuras y los nudos. Por eso, ojo, ojo con el que tiene atrofias en un sentido, porque seguro que ése carga la romana por otro lado.
19 de julio de 2010
29 de junio de 2010
Al poco tiempo, Catalina hizo un movimiento y esto me tranqulizó. Levantó la mano, acarició la cabeza de Heathcliff y acercó una mejilla a la suya. Heathcliff la colmó de exasperadas caricias y le dijo, con acento feroz:
- Ahora muestras tu verdadera cara. ¿Por qué fuiste tan cruel y falsa conmigo? ¿Porqué me despreciaste? ¿Por qué traicionaste a tu propia alma? No puedo decirte nada para consolte, no te lo mereces... Bésame y llora todo lo que qieras, arráncame besos y lágrimas, que ellas te quemarán y serán tu condena. Te mataste tú misma. Si realmente me querías, ¿por qué me abandonaste? ¡Por un mezquino capricho que sentiste hacia Linton! Ni la miseria, ni la degradación, ni siquiera la muerte nos hubiera separado. Sin embargo, tú nos separaste porque quisiste. Yo no fui el causante de tu desgracia. Fuiste tú misma, y tu propia desgracia es también la mía. Y si yo soy más fuerte, ¡peor para mí! ¿Para qué quiero vivir cuando tú...?¡Oh, Dios, quisera acompañarte en la tumba!
- ¡Déjame! - contestó Catalina, llorando -.Si me he comportado mal, lo pago con mi muerte. Basta. Tú también me abandonaste, pero no te lo hecho en cara y te he perdonado. ¡Perdóname tú también!
-¡Que te perdone cuando veo esos ojos y acaricio esas manos consumidas! Bésame, pero no me mires. Sí, te perdono. ¡Amo a quien me mata! Pero ¿cómo puedo perdonar a quien acaba con tu vida?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
